Ante la actual crisis económica mundial, ¿el Estado debe de ser el agente emprendedor en materia de innovación tecnológica o debería de ser un papel reservado al sector privado? En esta entrada presento argumentos a favor y en contra de ambas posturas por la definición de una posible salida a la crisis actual.
La crisis financiera y económica del Atlántico Norte (2008-2009) y los estragos causados por la pandemia de covid-19 sobre la economía mundial abrieron la puerta al debate sobre la participación del Estado en la economía.
La economista
italo estadounidense Mariana Mazzucato es quizás la referente más importante de
la defensa del Estado como un ente emprendedor capaz de invertir en tecnología e innovación creadora de valor a largo
plazo.
El argumento de Mazzucato es que el Estado puede invertir en investigación y desarrollo (I+D) aun cuando los beneficios económicos no sean claros ni prometedores en las primeras etapas de la investigación.
En
contraposición la iniciativa privada no siempre lo hace porque se rige por la
ganancia de corto o mediano plazo y porque no tiene la garantía de apropiarse
de todos los beneficios económicos que pueda generar un invento o un nuevo
proceso industrial. También es cierto que las empresas privadas invierten para
el largo plazo, como es el caso de las empresas energéticas por ejemplo, pero
actualmente la incertidumbre por el crecimiento mundial de la economía no
ofrece estabilidad ni certezas para que inviertan de manera masiva.
Por poner
algunos ejemplos de las décadas de los años cincuenta y sesenta del siglo
pasado, en la industria espacial, el IPhone y las energías renovables (eólica y
solar) el papel del Estado no fue simplemente otorgar subsidios, reducir
impuestos, establecer precios del carbono, etc. sino que estas innovaciones se
explican por la fuerza emprendedora que vino del Estado y no del sector
privado.
En estas
innovaciones el Estado fue el principal promotor de las inversiones y de la
demanda de nuevos inventos. Así que, para comprender y dimensionar el papel
fundamental del Estado en la toma de riesgos característica del capitalismo
moderno y en crisis, es importante reconocer el carácter social y colectivo de
la innovación. La innovación no sólo es resultado de la I+D sino de un
ecosistema simbiótico de instituciones que permiten que el nuevo conocimiento
se difunda en toda la economía. La maduración de dicho ecosistema puede
llevar años o incluso décadas por lo que la magnitud de los riesgos asumidos por
la inversión pública debería de compartirse con el sector privado lo cual daría
paso a repartir de igual forma las ganancias obtenidas con el paso del tiempo.
El Estado debe de ser un accionista principal que participe de las pérdidas y
las ganancias.
¿Qué dicen los detractores?
Hasta aquí algunos de los postulados más
importantes de Mazzucato sobre el Estado emprendedor pero ahora vamos a revisar los argumentos de quienes defienden a la iniciativa privada como el principal agente emprendedor en la
economía. En 2022 se publicó un gran compilado de ensayos que buscan polemizar con el planteamiento anteriormente presentado. En lo
que sigue, resumo algunas de las ideas más importantes indicativas de este
intenso debate actual en la economía.
Una de las sentencias que resume la postura detractora del Estado emprendedor es: los enormes esquemas gubernamentales hacia resultados específicos y nobles han estado históricamente plagados de fracasos.
El argumento es que la política de innovación que defiende Mazzucato debe revertirse pues en lugar de ser específica y orientada, debe ser amplia y general, centrándose en las condiciones generales para que las empresas operen. En lugar de proporcionar apoyo específico a determinadas empresas, industrias o incluso tecnologías, la política de innovación debe abordar de manera constructiva los obstáculos a la innovación, incluida la gestión proactiva de los grupos de intereses creados.
En la década de los años noventa emergió la
política de innovación que destacó la importancia del aprendizaje y la
innovación tecnológica en el desarrollo económico, así como en la formación de
capital humano y en la creación de clústeres y centros regionales para
aprovechar economías externas, de aglomeración y de escala. Fue así como el
Estado promovió la educación, la innovación y lo que después se conocería como
la sociedad del conocimiento.
La protección de los recursos comunes y los
esfuerzos para frenar el cambio climático mundial deben basarse en una
legislación ambiental y una fiscalidad que prohíba o haga que sea costoso
contaminar, pero lo decisivo para los que no quieren un Estado emprendedor es que sigue siendo neutral desde el punto de vista tecnológico.
Conclusión
La
crisis de 2008-2009 y la pandemia del COVID-19 han suscitado un debate sobre el
papel del Estado en la economía. La economista Mariana Mazzucato es una
destacada defensora del Estado como entidad emprendedora capaz de invertir en
tecnología e innovación que genere valor a largo plazo. Argumenta que el Estado
puede invertir en investigación y desarrollo (I+D) incluso cuando los
beneficios económicos no son claros o prometedores en las primeras etapas de la
investigación y en consecuencia las ganancias obtenidas a largo plazo deberían
de repartirse entre el sector público y privado, algo que no ha sucedido así en
las últimas décadas. Por el contrario, los opositores al Estado emprendedor
argumentan que el Estado no debe ser el principal agente emprendedor en la
economía, sino que debe de diseñar e implementar una política de innovación que
mejore las condiciones en las que cualquier persona inicie o se una a nuevas
organizaciones disruptivas. Abogan por un sistema de educación que funcione
bien y proporcione oportunidades para todos. En una próxima entrega seguiremos
discutiendo los argumentos a favor y en contra de esta nueva tendencia en la
economía mundial

Comentarios
Publicar un comentario